miércoles, 11 de junio de 2014

La Puerta de Ishtar - Shoggoth

Vamos a ver si poco a poco retomamos la actividad en el blog, ahora que me he liberado un poco de mis obligaciones extra familiares, y volvemos a tener una actividad un poco regular.
El siguiente bichito es el icónico shoggoth, criatura de Los Mitos de Cthulhu presente en algunos juegos de fantasía o espada y brujería, como La Marca del Este o Pathfinder. El texto lo escribí hace tiempo en uno de mis ratos muertos, pero hasta ahora no lo he podido publicar. Fue un parto difícil pues, como otras crituras de los Mitos, no sabía si encajarlo como critura propia o como resultado de un hechizo. Al final, un poco de uno y otro poco de otro han dado a luz a este terror para los personajes.

Shoggoth

Quien camine por las viejas ruinas de Akkad, o se interne en los desconocidos subterráneos de los zigurat en busca de riquezas, bien haría en escuchar las advertencias de los más viejos y sabios pues en ellas descansa su salvación.
Cuentan los ancianos, o los que más han vivido sin llegar a viejos, que allí donde hay brujería habita el shoggoth, un ser informe, viscoso y maligno; poseído por un apetito voraz que consume a cualquier ser vivo que cae en sus tentáculos. Habita en zonas oscuras y frías en las que la brujería ha dejado su impronta. O, al menos, así es en un principio.
Para que un shoggoth nazca es necesario que en el lugar se junte la suficiente cantidad de deshechos mágicos para que la vida se abra paso. Esta vida necesita, además del poder mágico residual, una chispa que la haga brotar. Esta chispa, desconocida para casi todos en Kishar, se cree que puede ser el poder del Igigu vertido sobre los deshechos o la voluntad de los urkullu enviada para acabar con la vida en Akkad. Sea como fuere, el shoggoth necesita, además, alimentarse. Al nacer su tamaño no es más mayor que la luz de las estrellas del cielo nocturno de Kishar. En este estado, el shoggot no es más que un parásito que se alimenta de pequeños insectos o crías de pequeños animales. Por desgracia (o por fortuna para Akkad) son incontables los shoggot que no sobreviven a este primer periodo de sus vidas. La razón, el inclemente sol que ilumina el Imperio de Akkad y cuya luz es mortal para el shoggoth. Pero si la criatura tiene al suerte de nacer en un lugar oscuro y frío, quizás tenga alguna oportunidad de sobrevivir. Se alimentará de los pequeños seres vivos que encuentre y su cuerpo fofo, invertebrado y gelatinoso alcanzará un tamaño cercano al de un gato. Es ahora cuando el shoggoth ya puede crear apéndices a partir de su cuerpo. Estos apéndices le sirven tanto para moverse, aumentando considerablemente su velocidad, como para atacar y cazar. También desarrollará cierta inteligencia que le permitirá distinguir los peligros que le rodean e incluso acechar y atrapar a sus presas.

Shoggoth obra de A. Manzanedo para La Marca del Este
Una vez alcanzada la edad adulta, el shoggoth se muestra como un monstruo enorme que repta siempre en busca de alimento. Su cuerpo puede pasar a través de cualquier agujero gracias a su maleabilidad, y de él salen apéndices en forma de grandes tentáculos, bocas con afilados dientes e incluso rostros desencajados de dolor (posiblemente de sus víctimas). También tiene la facultad de imitar cualquier sonido que haya escuchado antes, aunque su tono es algo agudo y aflautado.
Los shoggoth que han llegado a la edad adulta son unos monstruos terribles; voraces enemigos que pueden acabar con un grupo de wardus sin que estos se den cuenta de lo que ha ocurrido. Suelen habitar cuevas y ruinas poco iluminadas, pues el calor, y el sol en particular, les repele y es mortal para ellos. Es difícil encontrarlos dentro de una ciudad, pero no imposible. Se cree que el mayor de ellos, que ocuparía toda una planta de un zigurat, está bajo el control del Emperador Sargón encerrado en Dur-Sharrukin para ser liberado contra la salvaje Cimmeria.




2 comentarios:

  1. Me encanta la idea del Shoggoth de Dur-Sharrukin. :D

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    1. Si los Marsh tienen el suyo, Sargón no va a ser menos. ;)

      Gracias por pasar y por tu comentario, Rodrigo.

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