miércoles, 11 de febrero de 2015

Encasillado

Este mes ha habido cambio en la partida mensual que jugamos los amigotes, cediendo Maese Kapdorf el testigo a Charly después del TKP-1 que se marcó en el Castillo Ravenloft. Posiblemente volveremos, seguro, pues hubo un superviviente. Pero de eso no vamos a hablar hoy.

Hemos comenzado la campaña, perdón, Crónica (que en Mundo de Tinieblas no hay campañas sino crónicas) de El Telar del Destino para Mago: La Ascensión. Hace más de 10 años me hice un personaje para Mago, un Cultista del Éxtasis, nunca llegué a usarlo para la crónica que había sido creado (que también dirigía Charly) y luego lo reutilicé, años más tarde, para otra que dejamos a la mitad. El caso es que quise volver a interpretar a un Cultista del Éxtasis y, tras la primera sesión, he de reconocer que no me he sentido a gusto con él. Sólo me había pasado una vez, jugando a D&D e interpretando a un Alma Predilecta, una clase que es, por decirlo rápido, el hechicero de la magia divina.
Yo quería esto.
Desde el principio tuve problemas para hacerme el personaje. Comenzó siendo una tatuadora que hacía su magia a base de agujas, tinta y drogas. No me convencía pues requería de una magia muy pausada, casi tirando más de rituales que de hechizos preparados. De ahí pasé a un Eutánato, pero no veía como meter a ese mago en una casa okupa que es la Capilla donde está la Cábala. Claro, que si hubiera sabido que había otra Capilla en la ciudad lo mismo podría haberme quedado con el Eutánato. Descartado el mago de la Entropía volví a los Cultistas. Esta vez me hice un deportista, algo completamente distinto a mí. Un tipo aficionado a los deportes urbanos y de riesgo que para hacer la magia utilizaba drogas y música. Fue este personaje el que llevé a la partida, pero no quedé satisfecho con él. No sabía cómo interpretarlo, como llevar el Cultista de forma coherente y, sobre todo, cómoda para mí. Estaba francamente incómodo. Tras la primera sesión, un par de días después, consulté a Charly la posibilidad de cambiar de pj, a lo que dio su beneplácito después de mentar a varios familiares míos, principalmente a mi señora madre. Al final me he hecho un Hermético que pertenece a la otra Capilla de la ciudad. No nos vamos a engañar, el personaje es una mezcla de un anterior personaje mío (Oligber Dali, Tremere) y Harry Dresden (focos, estilo, y poco más). No tiene gato, pero lo mismo se lo pongo y que se llame Lord.

Pero me salió esto
Todo este rollo sirve para enfocar uno de los temas que han salido de todo esto. ¿Es necesario innovar en cada personaje que uno se hace para evitar un encasillamiento o es mejor llevar siempre un personaje con el que estés cómodo aunque sea un calco del anterior? Siempre me hago el mismo tipo de personaje. En D&D guerrero o paladín LB. En Mundo de Tinieblas mago hosco (un Tremere y un Orden de Hermes son primos hermanos) En Star Wars juego con Jedi Guardián siempre ya que jugar con otra cosa no es jugar a Star Wars. Siempre llevo personajes con unas creencias muy fuertes, casi rozando el fanatismo (en el caso del clérigo de Dark Heresy, fanatismo es poco), con un tono bastante directo y agresivo para solventar los problemas, o para evitarlos. Ciertamente, creo que estoy encasillado. Sin embargo, no veo el problema. 
Y he terminado con esto.
Si estoy cómodo con ese tipo de personaje, y disfruto más jugando así, ¿por qué cambiar? ¿Es malo interpretar siempre los mismos personajes y hay que ir cambiando de registro o es mejor seguir como hasta ahora aunque se caiga en el encasillamiento? Es un tema en el que llevo pensando varios días y no estoy seguro de la respuesta ya que no sé en qué puede afectar el hacerse siempre el mismo personaje a la experiencia de los demás jugadores. Es decir, si saben ya de antemano el tipo de personajes con los que se va a rodear su personaje, ¿no coarta en cierta manera la creación de ese personaje si sabe, o sospecha, que van a crear roces por como son cada uno? En este tema tengo la, mala, experiencia de una partida de D&D en la que llevé a un pícaro en un grupo con dos clérigos y un paladín. Al final dejé la partida porque era imposible jugar bien el personaje ya que chocaba completamente con los otros tres. Yo lo pasé mal, muy mal, y de hecho no he vuelto a llevar ningún pícaro salvo ahora, en Conan, que llevo un ladrón.

Bueno, a donde quiero llegar con todo esto es si el encasillamiento de algunos jugadores en un tipo de personaje puede ser malo, a la larga, para todo el grupo de juego o si, por el contrario, no debería influir en nada y que cada uno juegue como mejor le gusta. No encuentro una respuesta clara, la verdad, así que espero que la experiencia rolera que pase por aquí deje su opinión.

4 comentarios:

  1. Hay sistemas en los que el encasillamiento me resulta casi inevitable. En algunos casos por la complejidad de las reglas o el trasfondo, en otros por la garantía de supervivencia.
    Como lo importante es divertirse (digo yo), encasillarse no tiene mayor importancia, salvo que puede hacer que te pierdas nuevas experiencias.

    Intento siempre hacerme personajes muy distintos, pero siempre les doy cierto toque personal... que al final hace que todos tengan algo en común. Quizá eso también sea encasillarse, pero a mí me gusta y así lo disfruto.

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  2. No creo que para ti sea malo, estás jugando a lo que y como te apetece jugar. ¿Enriquecería tu experiencia variar los conceptos de personaje?. Igual si, pero igual no disfrutas tanto como podrías. ¿Es malo para los demás?. Bueno, puede coartarles a la hora de hacerse el suyo, pero hay infinitas posibilidades para hacerse pjs, qué mas dá que una ya esté cogida. Y que yo sepa nadie prohíbe repetir conceptos.

    A mi me pasó algo parecido en la de Ravenloft. Con muy pocas excepciones, en D&D y otros entornos de fantasía suelo llevar exploradores o guerreros, sin embargo decidí probar un pícaro. Lo hice sobretodo por dar libertad a otros para no llevarlo, porque hay gente que si aprecia poder cambiar. Y no voy a decir que no me gustó nada, pero ciertamente habría disfrutado mucho más la campaña si hubiera llevado un pj más afín a lo que llevo normalmente.

    Yo trato de variar, pero en ocasiones acabo cansándome de las variaciones porque no me proporcionan la misma satisfacción o diversión. Y hay cosas a las que no quiero renunciar en mis pjs en casi ningún caso, como la versatilidad. Tengo claro que hay cosas que no es probable que lleve nunca, como un mago/hechicero en D&D, por ejemplo, porque me parece un coñazo, o un líder carismático, ya que me resulta muy jodido e ingrato de interpretar. Pero no creo que eso sea malo, cada uno tiene sus gustos.

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    Respuestas
    1. Hola Gica.
      Precisamente la campaña de Ravenloft es un buen ejemplo. Mi primer clérigo, y mira que odio la magia. No las tenía todas conmigo cuando lo hice y hubo momentos en que lo pasaba bien, y otros en los que no lo pasaba porque era un mueble. Sin hechizos y sin poder meterse a combatir por sus bajos ataques. One and no more, Saint Thomas.
      En Dark Heresy también llevo un clérigo, pero es otra cosa, otro palo. Con este me siento más cómodo porque puedo llevarlo como me gusta. ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera hecho yo el clérigo? ¿Habríamos ido sin ese rol en el grupo? ¿Se lo hubiera tenido que pillar alguno que ya ha llevado clérigos y no le apetecía llevarlo? ¿Habría afectado al desenlace de la campaña? (yo creo que no).
      Apunto otro "no es malo" de tu parte.

      Gracias por pasarte y comentar, majete.

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