miércoles, 29 de abril de 2015

Actual Play: Walküre - El gato y los ratones

Continuamos con la pequeña campaña de Walküre que estoy dirigiendo. Esta vez nos faltó René, el hacker, por problemas de agenda, aunque su ausencia tuvo una buena justificación a tenor de lo que sufrió en la sesión anterior y de sus consecuencias. Como peso al otro lado de la balanza se unió Carlos al grupo, que en la anterior no puedo estar, encarnando a Anne, un miembro de la Résistance que trabaja como periodista en un medio generalista y filtra información a otros medios más panfletarios en contra del status quo establecido.
Retomamos la sesión donde la dejamos, con los personajes preparando el viaje a Barcelona para encontrar a su supervisor desaparecido. Para no levantar sospechas decidieron ir en dos coches separados. En uno iban Jean Paul y Annes, y en el otro Armand y Alain. Los planes para esconder las armas y pasarlas por la frontera con España me parecieron buenos, además de que tenían los siempre necesarios puntos de destino, así que no hubo mucho problema en cruzar y llegar a Barcelona. Habían reservado habitaciones en un par de hoteles y quedado en un bar cercano para así no levantar muchas sospechas. Al llegar dejaron sus coches aparcados y alquilaron otro, todo ello con las identidades falsas que les proporcionó la Résistance.
Tras instalarse, refrescarse, cenar, idear una especie de plan y dormir, a la mañana siguiente se dirigieron al Hotel Gaudí donde, supuestamente, se hospedaba François. Se repartieron por diferentes puntos de la zona. Uno en el coche, frente al hotel; otro en un bar cercano; uno en el hall haciendo como que espera a alguien; y el último en la cafetería vigilando la entrada del hotel. Tuvo que pasar buena parte de la mañana hasta que su objetivo apareció. Iba todavía con la ropa de la noche anterior y con pinta de no haber dormido pero de haberlo pasado muy bien. Llevaba una bolsa con el logotipo de un centro comercial en la mano izquierda. La mano derecha la llevaba de forma extraña. Al entrar en el hotel se percató de la presencia de Anne y giró rápidamente hacia los ascensores, pero no lo suficiente como para que la periodista le interceptase. François se mostró nervioso y esquivo, mintiendo de forma clara ante las preguntas de la francesa. Esta, por su parte, no perdió detalle de su supervisor y vio que el implante que tenía en su brazo derecho ahora era una prótesis vieja sin ningún tipo de utilidad salvo intentar ocultar la falta de la extremidad.
Con su descubrimiento contactó con el resto del grupo y se pusieron en marcha para evitar que François pudiera huir. Pero su supervisor era perro viejo y ya había puesto en marcha su plan de huida. Llamó con urgencia a sus contactos para que le sacaran del país. Recogió un pasaporte falso, dinero de curso legal en su destino y esperó a que fuesen a por él. No tardó en aparecer un Lexus negro del cual se bajaron tres asiáticos con pinta de hablar poco y disparar mucho. A su vez, otro vehículo similar aparcó bajo las escaleras de incendio del hotel en la parte de atrás. Mientras unos subían en ascensor, los miembros de la Résistance utilizaron las escaleras, con el pertinente retraso y un poco de cansancio. Al llegar a la planta donde se había parado el ascensor buscaron la habitación donde estaba su antiguo colega y sus nuevos amigos. Tardaron un rato en dar con ella, tiempo suficiente para que todos huyeran por la escalera y se subieran al coche que esperaba abajo.
El tráfico en Barcelona era un desastre. Si bien el volumen de vehículos no era muy grande, los coches en doble fila, algún vehículo de seguridad que pasa a ras de suelo, peatones cruzando por donde no deben y alguna obra casual hacían que seguir al Lexus no fuera la mejor de las experiencias y, aunque el conductor era hábil al volante, no pudieron evitar ser vistos por el conductor del Lexus. El asiático se salió de la Diagonal para comenzar un callejeo con la sana intención de dejar atrás a su perseguidor. Jean Paul, viendo que su presa intentaba darle esquinazo, aceleró todo lo que pudo y, en cuanto tuvo oportunidad, estrelló su vehículo contra el Lexus sacándole de la carretera y empotrándolo contra un edificio. La gente intentó acercarse a ver qué había pasado, pero en cuanto comenzó el intercambio de proyectiles todo fueron gritos y sonido de disparos. El conductor poco había podido hacer para evitar el golpe y su estado no era el mejor en ese momento. François yacía inconsciente en el asiento de atrás. Uno de los chinos había salido casi indemne del choque y disparó su arma hacia el grupo con nefastos resultados. El cuarto en discordia, que iba en el asiento del copiloto, salió del vehículo como pudo y huyó, renqueante, de la escena del crimen. Por su parte, los franceses llegaron al vehículo sin muchos problemas y vaciaron sus cargadores sobre el chino que quedaba. Dos disparos desde lejos, y otro a quemarropa, por parte de Armand terminaron con la vida del que huía. Con todo esto, y mientras el caos y el desconcierto estaban calientes, sacaron a François del coche y huyeron hacia la zona de lo que antaño fue la Villa Olímpica, hoy un suburbio lleno de droga y delincuencia al que no se atreve ni a pasar la policía.
Una vez encontraron un buen sitio para esconder el coche y pasar un poco desapercibidos, interrogaron a su antiguo responsable. Durante el trayecto hasta la Villa Olímpica se separaron para recuperar uno de los vehículos con los que entraron al país para poder quemar el coche alquilado y huir lo antes posible. Françoise, su antiguo amigo, había desertado de la Résistance por falta de motivación. El grupo se había convertido en poco más que una banda terrorista que sólo sembraba el caos abandonando su objetivo de expulsar la presencia nazi del país. Había franceses, gente que tampoco estaba de acuerdo con la presencia alemana en Francia, que habían sido víctimas de sus atentados. Cuando su fe en el movimiento estaba muerta contactó con él un grupo que prometía cambiar el mundo, derrocar a los gobiernos y devolver el poder al pueblo. Le mostraron pruebas y le convencieron para que se uniera a ellos. El objetivo de este grupo era Philantropy y su proyecto F4NT03. La campaña de vacunación de la empresa era una tapadera para inyectar nanomáquinas que controlasen los implantes de la gente y, a través de estos implantes, a la propia persona. Cualquiera que se hubiera vacunado y tuviera implantes era ya parte de las marionetas de Philantropy. Si, además, la persona no tenía ningún implante, las nanomáquinas se encargaban de enviar la señal a la empresa para que esta, alegando que habían descubierto que estaba desarrollando una enfermedad degenerativa o terminal, implantasen tecnología en su cuerpo para controlarlo. El grupo iba a sacarlo del país y llevarle a Hong-Kong, concretamente a Kowloon, un bastión criminal en la ciudad china, ajeno a toda ley, que había sobrevivido durante décadas a las maniobras de la guerra fría. Desde allí se realizaban los ciberataques a occidente con el beneplácito de las autoridades chinas, que habían convertido Kowloon en su propia arma contra el resto del mundo. Allí se escondían fugitivos políticos, terroristas, espías asesinos y un sin fin de fauna de la peor calaña. Y allí, como sabía el grupo, era donde habían llegado los datos robados de Philantropy.
Sin nada más interesante que les pudiera contar François, Anne le ejecutó a sangre fría. Fue aquí cuando se dieron cuenta de que lo que estaba pasando era demasiado gordo. La corrupción había anidado en el movimiento y había desembocado en el asesinato del que hasta hacía 48 horas era su responsable y, en cierta manera, amigo dentro de la Résistance. El cansancio se hizo obvio en todos ellos, incluso alguno no pudo evitar las náuseas y vomitó allí mismo, vencido ante la presión de lo que estaba frente a él. Una vez repuestos, quemaron el coche con el cadáver dentro, recogieron sus cosas del hotel y tomaron rumbo a la frontera. Consiguieron un certificado de defunción para un familiar de GICA gracias a sus contactos, ya que además era la excusa que tenía para abandonar Francia. Compraron una urna y la llenaron con cenizas entre las cuales escondieron un arma. Con la urna y el certificado cruzaron la frontera sin problemas.
Unos días más tarde se reunieron con el núcleo duro de la Résistance para ponerles al día de los descubrimientos. Algunas preguntas habían sido respondidas y otras aparecían nuevas en escena. ¿Cómo sabía el anónimo grupo que Philantropy trabajaba en ese proyecto? ¿Quiénes son realmente estos nuevos jugadores? ¿Qué pudo contarles François de la Résistance? ¿Hay más traidores dentro del movimiento?
Y hasta aquí llegamos.

Como novedad en esta partida incluí un tiroteo para probar el combate. Tuve algunos problemas ya no recordaba que en el libro básico no vienen fichas de pnj/masilla para meter de forma rápida y tuve que tirar de otros recursos. Afortunadamente en el módulo de Absinthium vienen unos masillas chinos que me fueron muy bien. Así que ahí me encontré con el móvil lleno de fichas de chinos (y bloqueándose cada poco), la tablet con la aplicación de combate (¡maravillosa!) y el papel para ir apuntando el daño de unos y otros. Para la próxima ya lo sé y me imprimiré mis fichas de pnj o, mucho mejor, me llevo el portátil a la partida y así puedo poner incluso la música que yo quiera en cada momento.
¡BIBA LA TEKNOLOJÍA Y EL PRO-JRESO!
El sistema de combate, que es a lo que iba, gustó mucho en el grupo. La verdad es que todo está gustando mucho, mucho en el grupo (o eso me parece a mí), incluso con mis licencias en la ambientación, pero es que sin ellas esta campaña no sería igual. La siguiente sesión será en breve, por diversos cambios de fechas, y estoy deseando saber qué hará el grupo con todo lo que hay sobre la mesa.

¡Nos vemos en la próxima!

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