miércoles, 4 de noviembre de 2015

Desafío de los 30 días 2015: Pregunta 4

Pregunta 4: En todo mundo de fantasía medieval existen grandes dioses, gigantescos poderes que enfrentan a sus seguidores, unos contra otros, que los envían a grandes gestas, los utilizan en sus maquinaciones, y los empujan a guerras con y sin sentido. Todos han oído hablar de esas grandes entidades. Los Valar del Señor de los Anillos. Los desaparecidos y retornados dioses de la Dragonlance. Los poderes del Caos de Elric. E incluso en la historia antigua tenemos a los dioses romanos, griegos, persas, aztecas, etc, etc. Pero no vamos a acordarnos de ellos. Hoy es día para acordarse de esos dioses menores, esos pequeños poderes, tan extraños como desconocidos, cuyas aspiraciones son tan ignotas como son sus avatares. Elige o inventa a uno de esos dioses y descríbelo.

MalaMadre

En el Imperio cada ciudadano posee una función, un lugar dentro de la sociedad dispuesto desde el primer segundo de vida. Cuando nace un niño, acontecimiento que es celebrado durante días, las sacerdotisas de la diosa Taäri se encargan de ayudar en el parto y leer el futuro del recién nacido escrito en el cordón que le unía a su madre.
El culto a Taäri es un culto numeroso, casi el que más fieles tiene en el Imperio. Y su número no deja de aumentar, pues si un niño naciese sin la protección de Taäri, ese niño sería presa de la MalaMadre. Muchas mujeres prefieren perder a su hijo, incluso morir si es necesario, antes de alumbrar si no está presente una sacerdotisa de Taäri. Tal es el miedo, o fanatismo, que existe en el Imperio.
Sin embargo hay otras mujeres que prefieren abandonar la sociedad antes de que el destino de su recién nacido sea sellado. Mujeres que optan por la libertad de elección y no por los designios del Imperio. Estas mujeres son perseguidas por los Correctores y sus hijos quemados para que la mancha de la MalaMadre no se propague.
Taäri pasando a la eternidad
Pero, ¿quién es MalaMadre? El culto de Taäri se ha encargado de borrar todo escrito sobre ella y no dejar rastro alguno de quién fue alguna vez. Sin embargo su historia es tan trágica y emotiva que siempre hay alguien dispuesto a contarla para que no se pierda en el olvido. Cuentan que hace milenios, antes de que Taäri contrajera nupcias con Thrôm y ambos alcanzaran la divinidad, que una joven de cabello azabache y tez pálida había llamado la atención del futuro Dios de la Guerra Thrôm. Esta mujer, cuyo nombre no se recuerda, poseía tanta belleza que Thröm llegó casi a perder una guerra por sus caprichos, pues la rebeldía y el egoísmo corrían por ella bravos como los ríos en el deshielo. Thrôm pronto vió el error que había cometido y abandonó a la mujer sin mirar atrás. Sin embargo su verdadera historia, la que cuentan los anónimos fieles de la MalaMadre, es distinta. Sí, ella era rebelde y de espíritu libre, pero también era fiel y respetuosa con Thrôm. Cuando Thrôm entró en batalla se llevó a sus hijos con él. MalaMadre lloró y suplicó pues no quería que sus hijos combatieran por el simple hecho de tener que ser como su padre, pues así lo quería Thrôm. Thrôm golpeó a la mujer, la humilló, la gritó y la insultó. Partió a la guerra con sus hijos, y volvió solo. Thrôm culpó a la mujer de haber dado a sus hijos debilidad y miedo. Fue castigada con trescientos latigazos, un centener por cada uno de sus hijos. Después fue obligada a ver cavar con sus propias manos las sepulturas de sus hijos, jóvenes que no habían alcanzado la edad adulta. No satisfecho aun con el tormento de la mujer, la encerró en una cueva debajo de los acantilados para que muriera ahogada. Y nunca más se supo de ella.
Con el tiempo Thrôm contrajo nupcias con Taäri, y juntos partieron a la batalla de las batallas, aquella que les encumbró a la divinidad. El ejército de Thrôm era numeroso, y en cada pueblo que llegaban, cada ciudad que visitaban o cada pequeña comunidad que se cruzaba en su camino reclutaban a más soldados. Sin embargo en algunos pueblos no encontraron a quien reclutar pues sólo había ancianos. Las mujeres y los niños en edad de empuñar un arma, siempre bajo el decreto de Thrôm, habían huido guiados por una mujer de piel blanca como la espuma de mar y cabello negro como un cielo sin luna. Pronto el rumor de la rebelión comenzó a ser más alto. Los acólitos de Thrôm comenzaron a propagar rumores en contra de esa mujer, pues el futuro dios sabía quién era esa mujer a la que él creía muerta. Contaban que raptaba a los niños y envenenaba la cabeza de las mujeres. Que tenía relaciones sexuales prohibidas con otras mujeres e incluso con animales. Taäri estableció un cuerpo de matronas que vigilarían cada parto para evitar que la MalaMadre, pues así había empezado a conocerse, se llevara al niño lejos del calor de Thrôm, y así vio Taäri que la MalaMadre no era un problema sino un medio para dominar todo el Imperio, por lo que continuó con su campaña de desprestigio hacia la anterior mujer de Thrôm. Sin embargo, por cada mujer que se convertía a la Iglesia de Taäri, una pequeña llama de rebeldía prendía en el corazón de las muchachas más jóvenes.
Llegó la última mañana de Thrôm. Ataviado con su gran armadura y su martillo encabezó su ejército
MalaMadre
para enfrentarse a su enemigo. A su lado cabalgaba Taäri, con el escudo y la lanza prestos para el combate. Y allí, en mitad de un camino, sola y sin armas, se encontraron a MalaMadre. La mujer suplicó que parasen la guerra, que evitasen la muerte inútil de tantos hombres y mujeres, algunos prácticamente niños. Imploró la benevolencia de Thrôm para evitar que cientos de madres llorasen la muerte de sus hijos como ella había hecho años atrás.
Fue Taäri la que cargó contra la mujer, arrollándola con el peso de su gran corcel. Thrôm la siguió, y su ejército con él. Diez mil veces diez mil hombres pisaron el cuerpo de MalaMadre hasta hacerlo desaparecer. Thrôm y Taäri unieron el Imperio para siempre y pasaron a la eternidad como dioses. ¿Y MalaMadre? El tormento de la mujer, su cruzada por liberar al pueblo de los designios de un loco que sólo vivía por la guerra, y su cruel muerte final, dieron paso primero a simples rezos, luego a imágenes que fueron prohibidas y perseguidas, y después a un número de fieles que existe a la sombra del credo Imperial. Fieles cuya fe hizo que MalaMadre siguiese a Thrôm allá dónde fuese, provocando el odio de Taäri.
Los fieles de MalaMadre no poseen estructura o lugares de culto. Rezan a MalaMadre para que les proteja del orden impuesto por el Imperio, que les de fuerzas para encontrar la libertad y que cuide de sus hijos cuando ellos no estén. Y así lo hace. MalaMadre cuida de las jóvenes que son violadas por los soldados y abandonadas a su suerte; de los chicos que huyen de las leyes impuestas y viven fuera de la sociedad, y de aquellos que buscan la libertad por encima de todo aun a riesgo de su propia vida.

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