lunes, 3 de octubre de 2016

Cultos Innombrables: Bast

Seguimos con los dioses para Cultos Innombrables. Hoy el toca el turno a Bast, la deidad felina cuyos cultos aparecen mencionados en el De Vermis Mysteriis y que, personalmente, me parece metida con calzador dentro de la mitología lovecraftiana.
BAST

En su gracia sin tacha y en su superior autosuficiencia he visto un símbolo 
de la belleza perfecta y la suave personificación del universo mismo objetivamente 
considerado, y en su aire de silencioso misterio reside para mí todo el secreto 
y la fascinación de lo desconocido
-Gatos y Perros, H. P. Lovecraft



Historia
Silenciosa y sensual como un felino
Bast es una diosa de aspecto humano y rostro felino. Fue adorada en la Atlántida, y se cree que su culto se extendió desde allí hasta Egipto, donde el culto creció, sobre todo, en la ciudad de Bubastis, convirtiendo a su deidad en diosa del placer. Su culto fue perseguido debido a sus extrañas prácticas, pues la momificación de gatos era un práctica habitual, refugiándose sus adoradores en Britannia y manteniendo sus creencias y sus prácticas ocultas a los ojos de los demás. Cuando la diosa se aparece, algo que ha ocurrido en raras ocasiones, la acompaña un gran séquito de gatos grandes y lustrosos y, al menos, una leona, una tigresa, una pantera o cualquier otra hembra de alguno de los considerados grandes felinos.

Cultos
Los humanos son taaaan aburridos
Desde que los cultos de Bubastis y Pompeya desaparecieron, Bast se ha convertido es una diosa poco adorada. Quizás sólo los humanos que habiten en las Tierras del Sueño adoren a la diosa, aunque esto es algo que poco importe a la diosa ya que no se inmiscuye en asuntos mortales. Los pocos adoradores mortales que tiene son gente solitaria que vive rodeada de, obviamente, gatos.

Seguidores
Sirvientes de siete vidas
Los verdaderos adoradores de la diosa son los gatos. Desde la Tierra hasta la ciudad de Ulthar, los gatos adoran a la diosa desde el interior de su salvaje corazón, siendo sus fieles sirvientes. Sólo si un gato no pudiera llevar a cabo los deseos de la diosa, ésta haría acto de presencia.

Influencia en el mundo
Mis pequeños confidentes
Allí donde hay gatos, está Bast. Si bien los asuntos mundanos no la interesan, sí se preocupa por sus pequeños seguidores. Sólo si el humano es un amigo de los gatos, Bast puede presentarse ante él si la invoca correctamente. Muchas personas viven solas rodeadas de gatos, pero sólo unas pocas han tenido contacto con la diosa y convertido en sus adoradores.

A efectos de juego
Bast, como buena felina que es, ignora a los humanos a no ser que hay algo que le interese de ellos, y debe interesarle mucho. No obstante, serán sus sirvientes felinos los que indirectamente influyan en el humano para que este termine convocando a Bast. La loca de los gatos que vive en cualquier barrio, el mendigo del parque o esa nueva vecina que enciende incienso y vive con cuatro siameses pueden ser, en realidad, adoradores todos de la misma diosa y ellos ni siquiera saberlo.

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