sábado, 11 de marzo de 2017

Cultos Innombrables: Zhar/Lloigor

Era cuestión de tiempo que su influencia se notase en estas entradas, y ha sido en el penúltimo primigenio donde ha irrumpido con más fuerza. Y es que La Fuente de las Tinieblas, el libro de relatos de los Mitos de Cthulhu, obra de Aitor Solar, traductor también de La Enciclopedia de los Mitos de Cthulhu, libro de referencia para esta serie de entradas, es un compendio de historias que se acercan más a la atmósfera de Cultos Innombrables que a la famosa, veterana y, ahora que está al séptima edición en el mercado, old school La Llamada de Cthulhu. Concretamente, El cuclillo de los pájaros daltónicos, mete mano en esta entrada de principio a fín, como los que hayan leído el relato podrán comprobar.

El ser que se agazapaba en aquel extraño y verdoso crepúsculo
era una masa viviente de escalofriante horror,
una horrible montaña de carnes sensibles y temblorosas,
cuyos tentáculos emitían un extraño sonido zumbante.
- El cubil del retoño estelar, Derleth y Schorer


Historia
Las dos caras de una misma moneda
Zhar llegó a la Tierra hace eones, desde la estrella Arcturus. Quedó atrapado bajo la ciudad de Alaozar, en la meseta de Sung, en la actual Birmania, en el sudeste asiático. Puede proyectar su esencia espiritual a cualquier lugar en el que se le convoque, siempre que se realicen correctamente los rituales apropiados. Zhar, no obstante, no está solo. Junto a él yace su gemelo, Lloigor.
Lloigor es una mesa tentacular informe que, al igual que su gemelo, puede aparecerse a voluntad en cualquier lugar, pero sólo cuando la estrella Arcturus está su cénit. Esto a llevado a los estudiosos de estos seres a pensar que Lloigor realmente no existe, sino que es una personalidad de Zhar provocada por la influencia de su hogar natal. Otros, sin embargo, opinan que el primigenio es una criatura siamesa sobre la que domina unas veces Zhar y otras Lloigor. Otra corriente de pensamiento, quizás más racional, o incluso más incrédula, sostiene que ni Zhar ni Lloigor existen y que ambos son creaciones de una criatura burlona que no tiene aprecio por quienes la sirven.

Cultos
Entre mortales
La influencia del pueblo asiático, y sobre todo la moda de la adopciones de huérfanos asiáticos que a finales del siglo XX y principios del XXI se propagó por occidente, ha hecho que el culto a Zhar/Lloigor esté más extendido de lo que se cree. Sus más fervientes seguidores son los tcho-tcho, un pueblo creado por las maquinaciones de Chaugnar Faugn, que emigró desde los Pirineos a Asia. El culto más importante es la Hermandad del que Pisa las Estrellas, adoradora de Lloigor, la cual ha extendido sus tentáculos por casi todo occidente, aprovechando el gran número de adoptantes de esa parte del globo.

Seguidores
El terror que acecha bajo nuestros pies
Si bien algunos textos citan a los lloigornos como seguidores de estos primigenios, lo cierto es que estos “lloigornos” son en realidad Pólipos Volantes, amorfas criaturas que llegaron de las estrellas y se enfrentaron a la Gran Raza de Yith, lo que indica cierta inteligencia en estos seres. Hoy en día son escasos, prácticamente casi en extinción, y se encuentran escondidos en cuevas y simas sin mostrar la más mínima intención de salir de ahí.

Influencia en el mundo
Miles de bocas hablan con mi voz
Si bien estos primigenios no son de los más activos, sus fieles tcho-tcho están propagando su culto a gran escala. No es difícil encontrar un culto a Zhar o Lloigor en alguno de los exóticos barrios chinos de cualquier gran ciudad como Londres, Nueva York, Madrid o Barcelona. Si bien es cierto que los tcho-tcho han sido perseguidos a lo largo de su historia, la corriente aperturista de occidente ha hecho que estas criaturas prosperen allí dónde antes era impensable que pudieran si quiera habitar.

A efectos de juego
Un culto puede conocer la existencia de este primigenio si entra en contacto con los tcho-tcho. Incluso el propio culto de los personajes puede tener un miembro de los tcho-tcho infiltrado que vaya corrompiendo poco a poco a los cultistas hacia la adoración de Zhar o Lloigor.

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